Nuevo escenario del Comercio Internacional en la etapa post Covid-19

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El valor de las importaciones y exportaciones mundiales puede caer, según evolucionen los distintos escenarios, entre un 13% y un 32% este año 2020. Es la previsión que contempla la Organización Mundial del Comercio (OMC) en su informe anual. En el peor de los casos, entonces, nos situaríamos en un descenso del 32% que, para entender la magnitud de la tragedia, supondría triplicar la caída de la crisis financiera de 2008.

Esta tendencia a la baja no es nueva. De hecho, el comercio exterior lleva dos años consecutivos de retrocesos en sus cuentas. La pregunta es, ¿cómo hemos llegado a este punto? La pandemia ha tenido mucho que ver, pero no es la única culpable. La guerra comercial entre las dos grandes potencias del mundo, China y EE.UU., ha venido generando unas tensiones los últimos años que han desencadenado el inicio de ese descenso significativo de los flujos internacionales. Un descenso que ahora, con la llegada de la crisis sanitaria de la Covid-19, lógicamente se ha visto incrementado y que está afectando a todas las zonas del mundo.

El contexto ha obligado a cerrar mercados y “ha dificultado el comercio exterior, la movilidad de mercancías y de documentos”, tal como confirma Joan Tristany, director general de Asociación de las Empresas Industriales Internacionalizadas (AMEC), en el Podcast de Banco Sabadell. Tanto es así, que este entorno VUCA en el que nos encontramos sumergidos (acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) no es favorable a la internacionalización.

 Carlos Dalmau, Director de Soluciones Internacionales de Banco Sabadell, coincide con Tristany al subrayar la magnitud de un problema global: “Hasta ahora, las empresas estaban acostumbradas a tener que gestionar dificultades logísticas puntuales y localizadas geográficamente, por ejemplo, en zonas de conflictos bélicos. Sin embargo, la situación actual afecta a prácticamente todos los países del mundo, con rutas marítimas canceladas, puertos donde no se puede descargar y confinamientos de mercancías, entre muchas otras restricciones comerciales”.

Nadie queda exento de esta nueva corriente. Por orden, se prevé que las exportaciones caigan como mínimo un 17,1% en Norteamérica, seguido de un 12,9% en América del Sur y Central y de un 12% en Europa. Las cifras de las exportaciones son poco alentadoras, pero es que además el PIB también se verá resentido. Así lo ha determinado el mismo informe de la OMC que marca una caída del PIB de al menos el 2,5% como consecuencia de los efectos derivados del coronavirus.

 Ante esta situación que nos está arrastrando de lo global a lo local, la OMC contempla dos posibles escenarios. El primero, los flujos comerciales se diversifican y se redistribuyen para esquivar las restricciones derivadas de la pandemia. El segundo, se cierran por completo las fronteras y se apuesta por la producción doméstica. Y, según la OMC, optar por este último camino sería un error porque ningún país es autosuficiente y puede valerse 100% por sí mismo.

A pesar de las recomendaciones, cada vez son más las nuevas medidas proteccionistas que aplican los distintos países para salvaguardar su comercio. Ya en 2018 se notificaron 45 nuevas barreras al comercio internacional: un récord de 425 medidas restrictivas al libre comercio. Además, China se convirtió, por primera vez, en el territorio con el mayor número de barreras para empresas europeas (37), seguido de Rusia (34), India e Indonesia (25, ambas) y EE.UU. (23), según datos del informe anual de 2019 de la Comisión Europea sobre barreras comerciales y de inversión.

Está claro: el proceso inverso a la globalización lleva un tiempo gestándose, pero lo cierto es que esta crisis sanitaria ha sido un punto de inflexión. Un dato relevante es que ocho de cada diez empresas con actividad en el extranjero aseguran que la crisis de la Covid-19 está impactando de forma negativa o muy negativa en su negocio internacional. Y lo está haciendo porque las empresas, independientemente del área de actividad, se encuentran con problemas en este nuevo contexto como las restricciones de movilidad y el hundimiento de la demanda.

De ahí que la Secretaría de Estado de Comercio y la CEOE estén trabajando para encontrar nuevas oportunidades en el extranjero para empresas españolas y fomentar así la actividad internacional. Para conseguirlo es esencial el apoyo público. Hasta el momento, el Ejecutivo ha puesto una línea de cobertura de crédito de 2.000 millones de euros para empresas exportadoras.

Sin embargo, fuentes empresariales confirman que en caso de necesitar liquidez las compañías prefieren acudir a los avales del ICO. En este sentido, el ICO y Banco Sabadell de México han firmado un acuerdo para financiar proyectos empresariales españoles en América Latina, y especialmente en México, por un importe de 200 millones de dólares (lo que equivale a 183 millones de euros).

Se trata del cuarto acuerdo firmado por parte del ICO con una entidad extranjera del grupo Sabadell y se suma a los esfuerzos públicos para conseguir salvar el sector exterior. Esta reciente alianza representa el compromiso firme de ambas entidades de seguir desarrollando proyectos que beneficien la economía del país y continúen su proceso de internacionalización.

 

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